

Ahora tengo que esperar que pasé el tiempo, quiero que este mes pasé lo más rápido posible, odio las pastillas que tengo tomar, son probablemente el peor castigo que se me puede dar ya que el don de tragar comprimidos: no lo tengo.
Algo me despertó, no sé si fue un grito o un ruido pero me desperté. No sé que hora era, pero era cerca de las 9 porque a esa hora me tenía que despertar. Era el segundo día que amanecía en casa sin tener que ir a trabajar, así que sólo tenía que ir a cursar a la tarde y claro, al mediodía cortarme el pelo.
Todo este mes tendré que tomar 9 pastillas diarias, 1la tomo desde años, y seguramente siga haciéndolo, las otras 8 son: 6 cápsulas de Indilea y 2 comprimidos de Zetavudin. Lo que da un total de 270 pastillas en un mes. Todo el preventivo, claro, y para ganar tiempo.
Adoro las mañanas, adoro su hermosa luz, blanca que parece casi celeste, su promesa del día que llega con todo lo que puedan contener y a mi me robaron esa mañana, ese momento y mucho más.
Fueron un grito y un ruido lo que me despertaron. No importa tal vez el orden pero entre preocupación, miedo y extrañeza opté por levantarme y ver que pasaba, censuré el impulso de llamarlo a papá al trabajo, seguro se iba a preocupar.
Al salir de mi cuarto en mi comodísimo floreado pantalón pijama, remera y claro, pies descalzos: descubrí que se trataba de eso que prefería no pensar.
No sé donde encontré la llave con tanta facilidad y con tanta rapidez, la misma o inferior a la que me hizo correr al portón, donde me interceptaron e interrumpieron el grito más fuerte y agudo que recuerdo haber dado y luego fue como un fundido a blanco.
Él me abrazo y me hizo entrar, prometiéndome que nada me iba a pasar… y la luz era tan bella, agitada entre temblores entré con él y me llevaron a lo que se podrá denominar la escena del crimen, “boca abajo y con las manos a la vista” me puse tras me lo ordenaron, mi corazón iba muy rápido, mi aliento iba muy rápido.
Ella también estaba como yo, boca abajo y con las manos a la vista, nos prohibieron hablar y el miedo se apoderaba de mi cuerpo que entre los temblores que contenían a mi persona.
Con ganas de ir al baño y hacer mil cosas, escuchaba sus pasos y voces, eran tres, son tres, a uno le tenía algo de miedo a los otros menos, el que más miedo me daba tenía un arma y era grande, lo describiría con el color gris plomo, celeste era su buso con capucha. Tenía un celular negro, finito y esbelto, un V3, que paquetería.
Cuanto tiempo pasé debajo de la cama no lo sé, pero sé que uno sangraba en el antebrazo y yo escuchaba sus voces desde mi escondite debajo de la cama de mis padres, boca abajo y con las manos a la vista, sé que el tiempo pasaba pero no sé a que cantidad de pulsaciones por segundo, sólo quería que se vayan y dejar de estar boca abajo y con las manos a la vista.
No sé como pero (no me dejaban ir al baño) recuerdo irme a curar al “lastimado” en mi baño, ese baño nuevo que quedó manchado con pervinox, sangre, aliento histérico y una escena nerviosa.
Le pedí que se sentara en el piso y que levante el brazo así yo lo podía curar pero no aceptó, se sentó en la bañera mientras yo lo atendía, la misma bañera que presenció rodajes.
Un torniquete le hice, como la canción de marilyn manson, un torniquete le hice con el camisón de mi vieja, ese que él tenía enroscado alrededor de la herida, él me pedía que no le hiciera doler mientras afirmaba que se le ponía la mano negra, tenía razón, se le ponía la mano negra.
Se le hinchaba la mano y los otros seguían revolviendo todo, así que él me pedía que le diera la plata.
La luz de la mañana, siempre tan brillante y hermosa, blanca casi celeste, mi favorita para iluminar casi todo, se manchó con mi grito sordo, sangre de él y vidrios, al igual que mi casa, ese envase en el que se festejaron cumpleaños, navidades, rodajes y escenas cotidianas, el mismo envase que contuvo los llantos y risas de nervios que me produjeron el incendió de hace cosa de 15 años, el día que Leandro no quiso dormir la siesta, que alivio que se respetó su voluntad, que alivio que él no estaba en casa cuando todo pasó, que alivio que él si estaba ayer a la tarde cuando me crucé al nene que pensé que me decía teletubbie, pero no era a mi, como me lo explicaba sino a él, que con su mano, que se ponía negra, sólo quería irse, pero a la vez agarraba todo mientras yo le pedía que no lo hiciera.
El policía me preguntaba cuanto tiempo pasó y yo simplemente no lo sé, que escuché primero: no lo sé. No sé si fue el grito o el ruido, cual fue primero no lo sé.
Los recuerdo desesperados cuando no encontrábamos la llave de mi casa para que se fueran, con la misma desesperación que tengo a la mañana cuando me tengo que ir pero algo agravada, encontraron unas llaves, que no eran, y me preguntaron cual era la llave del baño, y con la mejor honestidad le respondí que el baño no tenía llave, así que nos encerraron, un encierro medio virtual porque yo sólo quería que se vayan así que nos quedamos ella y yo ahí dentro, si me trababan la puerta igual iba a salir, tal vez terminaba desempotrando la mampara nueva del baño lindo de la casa, con esa luz hermosa, blanca, casi celeste, como la que las mañanas de primavera suelen tener, pero esta luz quemaba mis ojos, como casi cualquier luz ciega en cuanto uno se despierta. Iban a salir por el frente pero llegó mi tía con mi prima, tal como ella me lo había dicho durante ese encierro, y ellos corrieron al fondo de casa para escapar, recuerdo como sus voces y pasos recorrían el trayecto del pasillo, el mismo que me había visto correr minutos atrás, con los pies descalzos por el piso manchado y alfombrado por tantos pedacitos de vidrio, sentía la garganta seca pero tras el bocinazo de mi tío: salí y mi tía me alertó que me robaban la ropa… claro, si, la ropa no… ellos se habían robado mucho más que dinero, también se robaron espacios y tiempo.Mi preciado tiempo, ahora quiero que pase rápido, quisiera ponerle FASTFORWARD a este momento, así disuelve todos esos comprimidos, cápsulas y sensaciones tan fuertes y poco placenteras de un momento que todavía no sé si fue en fastforward o slowmotion.